Los descubrimientos del Phoenix Mars Lander de la NASA, que se anunciaron durante la misión, son ahora detallados en un conjunto de cuatro artículos en el número del 3 de julio de la revista Science. Son los primeros en describir las regiones más septentrionales del planeta rojo, y arrojan algo de luz sobre la historia del agua en Marte, así como de la habitabilidad potencial del planeta. Entre los descubrimientos más significativos del Phoenix, que aterrizó en el planeta el 25 de mayo de 2008, se encuentra una capa de hielo de agua tan dura como una roca, a unos pocos centímetros bajo la superficie de las polvorientas planicies árticas. Phoenix desenterró otras sorpresas: el polvo marciano del lugar donde aterrizó resultó ser inesperadamente compacto y contenía algunos compuestos que lo diferenciaban de los lugares donde los primos hermanos de este rover habían estado investigando. Agua confirmada Phoenix fue mandada a las planicies de Vastitas Borealis en Marte, en parte para confirmar las observaciones de la Mars Odyssey Orbiter de la NASA (que sigue orbitando el planeta rojo), que mostraban señales de hielo de agua bajo la superficie de esa región.

Usando su brazo robótico, Phoenix excavó la superficie marciana para ver si se podía alcanzar el hielo de debajo. En una zanja, llamada “Dodo-Goldilocks”, el vehículo descubrió lo que los científicos describieron como “un material brillante”, que se encontraba de 4 a 5 centímetros por debajo de la superficie (se veía algo similar bajo el mismo vehículo, que posiblemente quedó expuesto por los propulsores de aterrizaje de la nave). En los dos meses siguientes, el equipo observó a través de las cámaras de Phoenix que el material se estaba sublimando, lo que se esperaría del hielo de agua expuesto a la atmósfera marciana. La tendencia a agregarse de las muestras de suelo recogidas por el vehículo hizo que fuera difícil introducir estas muestras en los instrumentos de a bordo de la Phoenix, pero tras numerosos intentos se logró introducir una, y los detectores del vehículo confirmaron que, en efecto, había hielo de agua oculto bajo el regolito. Esta confirmación fue anunciada por primera vez el 31 de julio. Curiosamente, el hielo parece situarse a distintas pofundidades bajo la superficie dependiendo del terreno. Las llanuras donde aterrizó Phoenix muestran montículos poligonales rodeados por depresiones que son el resultado de las expansiones y contracciones estacionales del hielo bajo la superficie, que crean precipicios y grietas. El hielo bajo el centro de los montes está poco profundo, “pero en los precipicios, llegamos hasta 20 centímetros de profundidad y no encontramos el hielo”, dijo el investigador jefe de la misión Peter Smith, de la Universidad de Arizona. Sigue sin conocerse cómo llegó el hielo hasta ahí, aunque los investigadores tienen algunas hipótesis. “Podría ser el remanente de una cubierta de hielo en los polos que se retrajo; podría haber sido un océano helado; podría haber sido una nevada que se congeló al llegar al suelo”, dijo Smith. “La hipótesis más probable es que el vapor de agua de la atmósfera difundió lentamente a la superficie y se congeló en el nivel en el que la temperatura era la del punto de congelación”. Una tierra sorprendente Igual de interesante que las señales de hielo de agua por sí mismas son los rastros químicos de la tierra, que indican que el agua líquida interactuó con ella en el pasado. Los instrumentos de Phoenix detectaron un conjunto de compuestos y elementos en la tierra del suelo marciano, pero dos eran de particular interés porque implicaban una interacción del polvo con agua. El carbonato cálcico fue detectado por el TEGA (Thermal and Evolved-Gas Analyzer) del vehículo, con el que se calentaron las muestras y se analizaron los gases desprendidos. Se cree que las condiciones en el Marte temprano eran idóneas para la formación de carbonatos, pero las misiones en órbita y de superficie han detectado pocos. El carbonato cálcico, que supone sólo de un 3 a un 5 por ciento en peso de la tierra en el lugar de aterrizaje de Phoenix, seguramente se formó en el pasado cuando el dióxido de carbono atmosférico interactuó con con la película de agua de las partículas de tierra. El carbonato también actúa como un tampón que proporciona al suelo un pH alcalino (alrededor de 7.7), un marcado contraste con los suelos ácidos de otros lugares de Marte. Un medio con suelo alcalino también es interesante porque es similar al de muchos medios habitables, como por ejemplo los océanos de la Tierra. El otro compuesto químico que destaca es uno llamado perclorato, una sustancia altamente oxidante. “No se preveía que fuera a haber perclorato en este lugar de aterrizaje, y nadie lo tenía en su lista de compuestos químicos probables”, dijo Smith. “Estaba en una altísima concentración, mayor que la de las sales que sí podríamos haber esperado, como cloruro sódico (sal de mesa)”. El perclorato es un descubrimiento interesante porque tiene “una alta afinidad por el agua”, dijo Smith, y añadió: “En la Tierra, los microbios lo usan como una fuente de energía química”. Estos hallazgos ayudarán a aumentar el conocimiento de los científicos acerca del pasado de Marte, y podrían proporcionar pruebas sobre los lugares en los que podría haber proliferado potencialmente cualquier vida. “¿Quién sabe? La evolución es una fuerza poderosa. Si en algún momento comenzó la vida en Marte, hay nichos en los que podría seguir viviendo”, dijo Smith.